Sería un ingrato si pensase que mi confinamiento de este mundo es algún tipo de castigo. Aunque este no fue voluntario, esperado, ni siquiera imaginado, después de décadas creo en el como un don que permitió que sea muy posiblemente el único testigo vivo-aunque no como lo definirías tú-, de aquel fatídico “aliento” para Cantha. Último día de una era de candidez y sueños truncados. Mi postrero recuerdo es el de la mañana despertando lentamente, mi padre nadando al fondo de un mar rabioso de belleza, y yo dentro de una gruta natural- que salvaría mi futura existencia-, arrodillado sobre un borde de lisa y resbaladiza piedra lavándome el rostro con refrescante agua salada. No tuve hermanos. Cuando nací mi madre sufrió múltiples complicaciones en el parto. Su naturaleza no permitió que muriese entonces, pero si cerró la posibilidad de seguir ofreciendo vástagos a mi padre, haciendo que se unieran en una relación aún más sólida ¡Qué tiempos de amor y comprensión, nunca los olvidaré! Vivíamos la vida con sencillez, ilusión y trabajo. Una de las cosas que más nos unía era el amor a la naturaleza que nos rodeaba. Las llanuras, los montes, el mar… Los fuertes contrastes, el verde de los bosques eternos, y el verde salpicado de espuma blanca del mar, se unían en los escarpados acantilados. Sonidos, aromas, texturas, maridados a su pesar, que colmaban los sentidos y llenaban nuestros escasos momentos de ocio. Aquel amanecer como otros, bajamos mi padre y yo a la pequeña cala de arena oscura. Nuestro pequeño refugio. A mi no me apetecía luchar contra las olas, así que me quedé solo mientras mi padre se alejaba de mi. Decidí internarme en la gruta que se hallaba en el lateral derecho. Ella era la testigo de mis sueños y quimeras, mi mudo confidente, frecuentándola cuando me lo permitían mis obligaciones. Recuerdo que estaba de rodillas sobre la fría roca alisada. Miré mi rostro sobre la superficie calma del agua que formaba una pequeña charca cuando se retiraba la marea. Fue reconfortante el primer acercamiento de mis manos con el líquido elemento, pero cuando terminaba la segunda ablución se paró de repente el tiempo. Ese fue el fin de la luz para mí, y el fin de la existencia para toda Cantha. Sentí q mi cara y mis manos ardían en un fuego gélido, que se extendía por mi columna a todas las fibras de mí ser, oprimiéndome los pulmones y el cerebro. Además percibí como mi cuerpo se levantaba brutalmente de la superficie para con un tremendo golpe, aterrizar sobre un duro suelo que misericordiosamente me privo de consciencia. Como fiel siervo de Dwayna, me encontraba buscando ciertos líquenes para una formula en el fondo de unas cuevas. Así me salvé de perecer en el antiguamente bello Cantha. Mis ojos se llagaron por el torrente continuo de lágrimas que produjo esta inimaginable tragedia.¡ Oh dioses de la luz, por que tanto dolor y tanta pérdida inútil! Al día siguiente, mientras vagaba inconsolable por el borde de lo que anteriormente fue el mar, convertido ahora en una inmensa extensión de brillante piedra verde, divisé al único ser vivo en más de veinticuatro horas. Al principio pensé al verle de lejos que se trataba de una alimaña, pero al acercarme más vi un joven cuerpo desnudo de varón. Iba arrastrándose, lleno de mugre y rasguños. Era evidente su juventud, y tenía un gran golpe en medio de la espalda. Le interpelé con cariño, melosamente, pero su reacción violenta de gruñidos y espasmos me sorprendió. Le di la vuelta como pude y me quede horrorizado al ver su cara. Era un rostro sereno y agradable, de un durmiente, los labios y la boca cerrados de un modo relajado. Pero tenía el color de la piedra que nos rodeaba, del color del jade, como si tuviera puesta una máscara traslúcida, así como sus manos del mismo color y petrificadas igualmente. Acerqué mi mano y la retiré de súbito impresionado al sentir la gelidez y dureza marmórea en aquel cuerpo. La naturaleza, caprichosa, no había arrebatado una vida, pero la había condenado con un peor castigo tal vez. Tuve que abrirle un conducto en la garganta para darle un poco agua de mis reservas, y que no muriese de hambre mediante papillas muy diluidas. De esto hace ya más de cinco años. Hemos encontrado técnicas ingeniosas de comunicación ya que solo puede emitir sonidos por la abertura de la garganta y sus ojos son lo que yo veo. Aun no teniendo estudios, tiene una gran inteligencia y una mente abierta a los conocimientos que le estoy aportando. Espero hacerle mi discípulo definitivamente si Dwayna así nos lo concede. Sería un ingrato si no agradeciera todo lo que mi maestro hizo por mi. Me devolvió a la vida y llenó de esperanzas mi existencia. Pero claro, todos tenemos nuestra parte más íntima y privada, y es allí donde apenas pude guardar el odio desbordante que me nutría las entrañas. Además de tener siempre un rostro joven y unas manos siempre inmóviles, un don mayor me fue concedido, el de leer las mentes, poseerlas e influenciarlas. Al principio fue solo de una en una, después grupos, luego ejércitos. Eso hizo que aun antes de morir mi maestro empezase el camino más fructífero de los nigromantes y los ritualistas. La vida no me dio alternativas. No espero el perdón, pero tampoco seré dador de el. La sangre es mi religión y en ella ahogaré a mis enemigos. Si un aliento hizo tanto…., mi conquista de Cantha hará que los traidores que hicieron de mi patria una cloaca petrificada de ladrones, sean ajusticiados, y que Grenth sea adorado sobre los demás dioses.